Muchas veces siento que mis palabras no te llegan. No me malinterpretes, probablemente sea efecto mío, no tuyo. Pero es curioso como en ti, precisamente en ti, eso parece replicarse. Igual, estoy siendo injusta. Sé que has intentado acercarte a mí. Sé que me has dado todo el espacio del mundo. Sé que has respetado mis silencios. Sé que soportar mi mal humor es una tarea muy trabajosa. Siempre te has despedido de mí cariñosamente, mucho más las veces que me has visto llorar.
Se nota genuina tu confianza en mi futuro. Mis esfuerzos por alejar(te)me no son duraderos. Debe ser porque, muy en el fondo, aun tengo esperanza en esto. En que llegue el día y deje de patear los temas, tableros o cualquier cosa que sugiera un intento de cercanía. No te lo dije hoy, pero toda la semana estuvo en mi mente esa frase que soltaste, como quien señala algo evidente. Solo que nunca lo habían dicho así, con esa sensación de fastidio? sorpresa? cansancio? desazón?. Mala suerte que no me alcanzó el tiempo para preguntarte, ni la valentía pero ese es un ingrediente secundario. “Si pudieras, se te erizaría la piel cada vez que alguien intentase acercarse a ti”.
Salí de prisa hoy. “Nunca he hablado de verdad contigo” pensé. Y cerré la puerta.
